La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Ecuador) reunió a más de 70 organizaciones nacionales e internacionales en el 4to Foro “Los Primeros 1.000 Días: Agua para Prevenir la Desnutrición Crónica Infantil”, impulsado por Diálogos Vitales e IFI–Promesa, con el objetivo de articular esfuerzos entre sociedad civil, academia, organismos internacionales y gobiernos locales para impulsar soluciones sostenibles que garanticen el acceso al agua segura y contribuyan a erradicar la desnutrición crónica infantil en el país (DCI).
Como parte de su compromiso con la erradicación de la DCI y el desarrollo de las mujeres rurales, participamos con dos intervenciones que pusieron en el centro del debate la relación entre el agua, el género y la gestión sostenible de los recursos hídricos.
Iván Pulgar, Coordinador de nuestro proyecto “Territorios Libres de Desnutrición”, participó en el panel “Desnutrición Crónica Infantil, agua y género”, junto a representantes de otras organizaciones. En su intervención destacó cómo las desigualdades de género profundizan el ciclo de la desnutrición a causa de la falta de agua potable y enfatizó la necesidad de transformar políticas y prácticas desde un enfoque de igualdad. Señaló que las mujeres son quienes enfrentan directamente la escasez de agua, ya que son ellas quienes la recolectan, preparan los alimentos y cuidan la salud de sus familias, dedicando horas adicionales a una jornada que ya duplica la de los hombres. “Las brechas de acceso al agua son también brechas para el desarrollo de las mujeres”, afirmó Pulgar, resaltando además su papel como guardianas del agua y lideresas en la protección de fuentes, razón por la cual deben ser el eje transversal y pilar fundamental en todo proyecto de gestión social y ambiental del agua y de erradicación de la desnutrición crónica infantil.

Por su parte, Andrés Oleas, Coordinador de Gestión Social y Ambiental del Agua, lideró el taller “Cómo elaborar tu proyecto de agua para la DCI”, donde presentó el modelo de gestión social y ambiental del agua desarrollado por nuestra organización. Durante su intervención, compartió herramientas y pasos prácticos para estructurar proyectos de desarrollo sostenible que integren la viabilidad técnica, la gestión comunitaria, ambiental y financiera. Oleas destacó que la falta de acceso a agua segura y saneamiento es una de las principales causas de la desnutrición crónica infantil en Ecuador y subrayó la importancia de fortalecer a las juntas administradoras de agua potable (JAAPs), promover la participación de mujeres y jóvenes en roles de liderazgo y proteger los ecosistemas hídricos como pilares de sostenibilidad y resiliencia frente al cambio climático.

La evidencia reciente demuestra la urgencia de actuar frente a la estrecha relación entre el acceso al agua segura y la desnutrición infantil. En Ecuador, uno de cada cinco niños menores de dos años sufre desnutrición crónica (ENDI 2023–2024). Además, el 30% de los hogares con niños menores de cinco años consume agua contaminada con E. Coli, porcentaje que asciende al 60% en la región amazónica. A esto se suma que 2,7 millones de ecuatorianos aún no cuentan con conexión a una red pública de agua potable (Censo 2022 – INEC), y que solo el 18% de las aguas residuales urbanas recibe tratamiento antes de ser vertida a los ríos (BID/MAATE 2023).
Este encuentro reafirmó que la lucha contra la desnutrición crónica infantil exige una respuesta multisectorial, donde el acceso al agua segura y la equidad de género son pilares fundamentales para garantizar el desarrollo pleno de la niñez ecuatoriana.
Actualmente, lideramos la implementación de un proyecto con un enfoque integral llamado “San Andrés y Manglaralto, Territorios Libres de Desnutrición”, financiado por la Unión Europea, a través de la estrategia Global Gateway tiene como meta reducir la desnutrición crónica infantil en Santa Elena y Chimborazo, a través de un modelo integral que atenderá a alrededor de 52.000 personas en 52 comunidades rurales, mediante 6 líneas de trabajo: agua potable, soberanía alimentaria, salud y nutrición, incidencia, educomunicación en hábitos saludables y gestión del conocimiento.
Sin duda, tenemos un rol clave a nivel nacional en la lucha contra la desnutrición crónica infantil, esta iniciativa tiene potencial para ser replicada y convertirse en un modelo de referencia para el país.