En las comunidades rurales de nuestro país, la desigualdad de género sigue siendo profunda. Las mujeres dedican, en promedio, más del triple de tiempo al trabajo no remunerado que los hombres, especialmente en tareas de cuidado y del hogar, lo que limita su participación económica y política (INEC).Asimismo, la violencia de género continúa siendo una de las principales vulneraciones de derechos en el país. Según la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, 6 de cada 10 mujeres en Ecuador han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida (INEC, 2019), una realidad que se acentúa en contextos rurales, donde la respuesta institucional es limitada.
Frente a este contexto, impulsamos procesos y acciones que fortalecen la autonomía física, económica y política de mujeres, niñas y niños, articulando acciones con diferentes organismos públicos y privados, además de las comunidades, para transformar estas desigualdades desde el territorio.
“Las comunidades están cambiando. Las mujeres están recuperando su autonomía y los niños están aprendiendo a nombrar sus derechos”, afirma Angélica Palacios, especialista de Derechos de la Niñez y Género de Ayuda en Acción.
Angélica llegó a la organización tras una trayectoria marcada por la defensa de víctimas de violencia, la construcción de política pública y el acompañamiento a comunidades vulnerables. Su experiencia con atención a niñas sobrevivientes de abuso, adolescentes embarazadas y mujeres en movilidad humana le ha permitido reconocer que los problemas no nacen en las personas, sino en las estructuras que las rodean.

Los tres pilares de la autonomía femenina
El proyecto tiene dos ejes fundamentales: derechos de mujeres y derechos de la niñez y adolescencia. En ambos, nuestra organización promueve una base fundamental: ningún proceso se sostiene si no se trabaja simultáneamente con la comunidad y con el Estado. Por esto, cada intervención comienza con un análisis del territorio que identifica brechas, riesgos y oportunidades. Allí se construyen acciones que impulsan las tres autonomías definidas por CEPAL:
- Autonomía física: Centrada en el derecho a vivir una vida libre de violencia.
- Autonomía económica: Cuyo objetivo es el acceso a ingresos dignos.
- Autonomía política: Que promueve la participación activa y la toma de decisiones.
El liderazgo productivo
Más del 30% de mujeres rurales participan en actividades agrícolas sin acceso pleno a ingresos propios ni toma de decisiones productivas. Por esto, en el territorio, el trabajo con mujeres combina formación, asociatividad, emprendimiento y acompañamiento para la demanda de derechos. Los resultados muestran transformaciones concretas: mujeres que ganaban 80 dólares al mes ahora superan los $ 800 gracias a nuevos modelos productivos; asociaciones que antes estaban lideradas por hombres ahora son dirigidas por mujeres. “La sororidad se ha vuelto una herramienta poderosa. Ya no trabajan solas, trabajan juntas”, explica Angélica.
Niñez y adolescencia: Agentes de su propio cambio
Por otra parte, dos de nuestras prioridades son la niñez y la adolescencia. Aquí, desarrollamos metodologías especializadas para fortalecer habilidades, participación y liderazgos de niñas, niños y adolescentes, mientras acompañamos a las familias y comunidades en prácticas de crianza positiva y corresponsabilidad. Esto ha influido directamente en Agendas Cantonales, donde los propios adolescentes ya inciden ante los GADs para demandar políticas públicas y presupuestos destinados a sus necesidades.

Sostenibilidad y compromiso estatal
Entre 2024 y 2025, hemos centrado nuestros esfuerzos en compartir buenas prácticas de gestión a los gobiernos locales para asegurar su sostenibilidad. Esto incluye incluir los enfoques de género y derechos en instrumentos de política pública y fortalecer la capacidad estatal para brindar atención integral y especializada.
Angélica reconoce que “transformar la vida de una comunidad no ocurre de un día para otro”. Sin embargo, en los territorios donde trabajamos como Ayuda en Acción, las oportunidades se reflejan en cambios evidentes: hay más mujeres tomando decisiones, más adolescentes liderando y más familias criando desde el respeto a sus niñas y niños.